viernes, 16 de octubre de 2009
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sábado, 11 de julio de 2009
Reflexiones...La democracia I
La sociedad se encuentra enarbolada a su propia condición esencial, llamémosle socialidad, en un marco de interrelaciones de y entre individuos, en la política pura y abstracta manifestada en la pura circunstancialidad en la que ésta se desenvuelve.
Los peligros mecen al compás de lo que el sentimiento de la masa revela en los datos. El descontento, la irritación con la clase política, el desinterés, la falta de involucración, la no aparaente participación voluntaria y los avatares del sistema conforman tendencias que desvirtúan la esencia del sentir democrático.
La realidad, a mi juicio, suscita y realmente presenta una auténtica crítica de los sistemas y valores democráticos. ¿En qué consiste verdaderamente la democracia? ¿sobre qué pilares se funda y sobre que tierra se enraiza?
En sentido etimológico llamamos democracia al "poder" (krátos) del "pueblo" (demos). Los griegos, de cuya lengua derivó el vocablo, la distinguían de otras formas de gobierno: aquella en la que el poder pertenece a uno solo, "monarquía" en un sentido positivo, "tiranía" en un sentido negativo, y aquella en la que el poder pertenece a pocos, "aristocracia" en sentido positivo, "oligarquía" en sentido negativo.
Hoy, sin embargo, entendemos democracia como la forma de gobierno en la que el pueblo es soberano. "La soberanía pertenece al pueblo". En el juego democrático, el del contexto social, encontramos tres rasgos estructurales fundamentales, es decir, el pueblo, con un aparente carácter soberano, el estado, como escenario de de un juego de llamamos o denominamos político, y la clase dominante como ejercicio fáctico, empírico y de hecho que ejerce la voluntad soberana. Ésta última está compuesta por las élites políticas conformadas por los Partidos Políticos. La estructuración de la realidad del conjunto de lo social incita a una definición meramente práctica del juego democrático que estima que la democracia se constituye a partir de la voluntad de la mayoría, y, en este sentido dentendemos la mayoría como el ejercicio del poder del mayor conjunto de voluntades individuales conducidas a las decisiones que afectan a lo colectivo, es decir, a la sociedad. En este sentido, podríamos expresar que es el pueblo que atendiendo a las voluntades particulares conforma una razón de ser y una voluntad, no ya de carácter cualitativo sino más bien cuantitativo.
Es lógico concebir que el juego de lo político en la democracia conforma una serie de rasgos comunes y que en definición no es más que un juego decidido por la masa y que comporta el ejercicio de las voluntades fundamentadas en el principio de mayoría. De este modo la democracia no es más que la organización de la voluntad colectiva.
La cuestión es la siguiente, ¿puede ser la voluntad representada? ¿es la masa social consciente, que no conciente, de su voluntad? Yo, personalmente, lo dudo.
jueves, 26 de marzo de 2009
No al Aborto
Me sobrecoge el planteamiento de la nueva ley del aborto que, quizá pronto vea la luz en un marco jurídico que amparará la "interrupción del embarazo" como un derecho que no protege la vida sino la voluntad. Desde mi punto de vista, siempre subjetivo, me parece un grave error y fracaso de las sociedades modernas y es reflejo de el cariz práctico de las voluntades sociales. Sólo una concepción práctica del individuo puede engendrar semejantes parrafadas jurídicas que son, sin duda, reflejo de las más absurdas voluntades populares; su legislación, del mismo modo práctica, nos muestra el cariz de los que gobiernan impulsando relativos derechos y desterrando medidas político-sociales enfocadas hacia las familias.
La no protección del individuo, entendiendo personalmente su mismo origen en su concepción, lleva consigo el concepto injusto de modernidad. Una sociedad moderna no es la que garantiza la decisión sino la que protege la vida y a los individuos como parte integral de la sociedad y, no obstante, del Estado; y, perdonen ustedes, pero un feto humano es un individuo...no les roben su identidad.
No al aborto.
martes, 30 de diciembre de 2008
¡Vamos a contar mentiras…!
Esta frase tan pretenciosa nos recuerda a los de mi generación la famosa canción popular cuyo título ocupa. Y es que, si nos vamos al ámbito de la actualidad socio-política, podríamos cantarla en con una constante armonía empezando por grandes problemas de la sociedad española y acabando por otros que tienen una connotación mundial.
¡Feliz 2009!
José María Martínez Sirvent